miércoles, 13 de abril de 2016

Beneficios de la danza del vientre

Beneficios de la danza del vientre
    Muchos son los beneficios que se atribuyen a la práctica de este tipo de danza, tanto en el plano físico como en el mental. Quizá el hecho más destacable es que mediante la danza, es posible lograr una íntima conexión entre el cuerpo y la mente, una situación de perfecto equilibrio que tantas técnicas -como la meditación o el yoga- persiguen.
    No es el único caso que se nos presenta la danza como medio de realización espiritual: podemos destacar el ejemplo del sufismo, movimiento místico surgido en el s. X, que, como reacción al carácter materialista que el Islam comenzaba a adquirir, inició una purificación de la religión, exaltando su esencia. 
    En los ritos sufíes, la danza constituye un importante medio para alcanzar el éxtasis religioso, y existen diversas variedades propias de cada hermandad, como la danza de los derviches (giros) o la de los gnawas marroquíes (acrobacias).
La danza del vientre permite conectar con el propio cuerpo y desarrollar las posibilidades expresivas de la persona. En el caso de la mujer, esta danza le acerca a tomar conciencia de su feminidad y fuerza, y mediante movimientos específicos de la región pélvica, abdominales y la respiración, se estimulan los órganos internos. Ayuda a disminuir los cólicos menstruales, favorece la elasticidad del tejido abdominal y como en su origen, supone una preparación para la fertilidad, con el trabajo de los músculos pélvicos y del abdomen. Esta danza potencia el trabajo de todo el cuerpo; a través del sutil equilibrio entre tensión- relajación se fortalece la musculatura y se moldea la figura sin esfuerzos bruscos, por lo que está indicada para cualquier persona, sea cual sea su edad y condiciones físicas. Tampoco se requiere una estructura corporal determinada -como puede ocurrir en otras danzas como la clásica-.
    Aporta una gran movilidad articular en las zonas lumbar, cervical y cintura escapular, evitando la rigidez de las articulaciones. También favorece la flexibilidad y la coordinación, y contribuye a conseguir una postura correcta, y una adecuada colocación de la espalda.
    Además, funciona también como una terapia mental, ya que al entrar en contacto con el cuerpo, a partir de las manifestaciones de expresión corporal, se produce un desbloqueo psicológico, que contribuye a despertar el amor propio. Es por ello que su práctica regular ayuda con el tiempo a vencer inhibiciones y a aceptar nuestro cuerpo tal y como es. A diferencia de otros ejercicios, como los aeróbicos, donde toda la energía invertida se proyecta hacia el exterior, con el fin de lograr una buena imagen personal, en esta danza se trabaja desde el interior, de forma que la belleza física nace no como un fin, sino como una consecuencia.

Dado que se trata de un ejercicio íntimamente ligado al cosmos femenino, su práctica se halla tradicionalmente asociada a la mujer. No obstante, son muchos los hombres que practican el arte de la danza del vientre -aunque la proporción es ínfima en comparación con el número de mujeres que lo hacen-. De hecho, hoy en día, la mayoría de los maestros de esta danza son hombres -como Shokry Mohamed, quien estableció la primera escuela de danza oriental en España, en 1981-. No debemos olvidar que hombres y mujeres contamos con un lado femenino y masculino: dos caras de una misma moneda. Sin embargo, suele calificarse como una danza femenina, que considera el vientre de la mujer como algo sagrado y sus movimientos divinos. 

    El cine norteamericano la presentó como la "danza de los siete velos", identificándola como un símbolo sexual. Sin embargo, aunque es muy sensual, no es una danza sexual. Manifiesta un profundo sentimiento de comunicación interior a través de la música y el movimiento, del que resulta un encuentro que la bailarina tiene con los demás, pero sobre todo, consigo misma. Su gran fuerza espiritual le ha valido ser considerada como una danza mágica, casi hechizante.

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